
La Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano, que depende de la UNC esta siendo escenario en estos días y por varios meses de un saludable debate. Esta escuela pública preuniversitaria de gran prestigio por su política pedagógica integral sólo tiene 256 bancos disponibles y mucho más del doble de aspirantes cada año. El ingreso requiere aprobar un exigente examen de ingreso y entrar en el orden de mérito. Las familias hacen un gran esfuerzo económico para pagar academias privadas o profesores particulares que rondan los 800 pesos mensuales y los niños con apenas 11 años hacen un gran sacrificio, sumando varias horas de estudio semanales y resignando actividades de recreación.
La comunidad educativa del Belgrano ha decidido reflotar la discusión del Régimen de Ingreso y la base del debate ya de por si significa un avance. La idea es garantizar igualdad de oportunidades ofreciendo un curso de nivelación gratuito y obligatorio a cargo de la misma escuela para que todos los niños tengan la posibilidad de preparase en las mismas condiciones y que así entrar al Belgrano este al alcance de todos y no solo aquellos que pueden pagar el alto precio de una preparación privada. También es acertada la decisión de reformular las instancias evaluativas. La presión a la que se enfrentan los estudiantes en esos extensos y exigentes exámenes sin margen de posibilidad para el error es inmensa y para muchos dramática. En ese momento el niño carga con todo el esfuerzo y las expectativas propias y de la familia. La evaluación debe ser concebida como un proceso, menos violenta y que incluya el error como instancia de aprendizaje.
¿Orden de Mérito o Sorteo?
Ahora si, ante la discusión de si el ingreso entre quienes aprobaron el curso de nivelación debe ser por sorteo o por orden de mérito no dudamos en quedarnos con la primera opción y a nuestro entender la más avanzada si de políticas de inclusión se trata.
Quienes defienden el orden de mérito dicen que este sistema garantiza a cada uno el lugar que le toca según su esfuerzo, perseverancia y capacidad. Y la experiencia me dice que eso no tiene lugar en la realidad. Soy hermana de dos estudiantes de este colegio y de una aspirante que cargo durante algunos años con la frustración de quedarse en la puerta. Ella fue sin embargo la que más se esforzó, la que más estudio y a pesar de tanto esfuerzo, de horas y horas de estudio y tareas extraescolares sacó un porcentaje que no le alcanzó para entrar en el orden de mérito. En la universidad es más claro, cuantas veces nos hemos sacado un 9 o un 10 habiendo estudiado poco y nada, sin manejar todos los conocimientos que exige el programa y cuantas otras los 5 o los 6 no reflejan todo lo que sabíamos o habíamos estudiado. Siempre la suerte y los factores emocionales juegan en un examen. Pero además los procesos de aprendizajes son distintos, algunos somos más lentos para analizar y resolver problemas, otros no son buenos memorizando, etc. No por eso hay quienes merecen mejor educación que otros. Un examen no puede medir la realidad social, familiar, la historia de vida, las oportunidades educativas de cada uno y mucho menos predecir cual va a ser el desempeño académico de ese estudiante en el futuro.
Estamos ciertamente en contra de la lógica neoliberal de la competencia y del determinismo de a cada quien a cada quien la educación que merece recibir. Si todos los estudiantes cumplieron con el curso de nivelación, aprobaron los exámenes y por lo tanto manejan los conocimientos mínimos para iniciar los estudios secundarios, todos ellos tienen el derecho y por lo tanto deben tener la oportunidad de estudiar en la escuela pública preuniversitaria, que sostenemos con nuestros impuestos todos los argentinos.
Bienvenida la decisión de las autoridades de la escuela de reformular el régimen de ingreso. Ojala tome nota de esto el Decano de la Facultad de Ciencias Médicas, Gustavo Irico, que a pesar de sus falsos compromisos, y en un país donde faltan médicos, no ha hecho nada para derogar al menos progresivamente el cupo en Medicina, que deja a miles de jóvenes fuera de la posibilidad de estudiar en la universidad publica y garantiza el negocio de las academias privadas. Y ojala tome nota la rectora de la UNC que con su silencio cómplice y su inacción sigue avalando las políticas educativas de los 90’ que todavía imperan en esta universidad de supuestos aires progresistas.
Celebramos que la comunidad educativa del Manuel Belgrano se este dando este debate y animamos a toda la comunidad universitaria y a todos los cordobeses a involucrarse y participar en la construcción de una educación más pública, gratuita y con igualdad de oportunidades.
Paula Hernández
Consiliaria de la Universidad Nacional de Córdoba
Movimiento Universitario SUR
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